CÓMO MANEJAR LAS EMOCIONES

Por el Dr. Eduardo Press (www.epconsultores.com)

A través del tiempo los consultores especializados en Empresas de Familia (EF) prestaron atención a los procesos de gestión, al traspaso generacional, a la realización del protocolo y otros temas habituales para el manejo de estas empresas. Unos pocos se adentraron en las relaciones interpersonales de las familias empresarias y muchos menos con las emociones de la familia.
Quizá sean las emociones, uno de los temas más complejos para tratar por parte de los profesionales y que más “sufren” los miembros de la familia empresaria.
Las emociones en una persona no se crean de un día para el otro ni son fruto de cuestiones circunstanciales, son producto de un largo proceso que comienza desde en el inicio de la vida y aún antes, porque se nutren también del “ambiente emocional” reinante en la familia a la que se llega.
Las emociones se manifiestan frente a diferentes circunstancias y experiencias de la vida y con mayor o menor intensidad según la ocasión. Las más difíciles de “manejar” son las más sorpresivas e intensas, más difícil aún si la propia persona desconoce cuál es el disparador de la emoción.
¿Por qué son difíciles de manejar y por qué hablamos de “manejar” las emociones?
En las relaciones interpersonales las emociones son un ingrediente más de los múltiples que la conforman. Cuando las emociones son muy intensas se constituyen en el aspecto principal de una relación y muchas veces en el tema excluyente. Es muy difícil que en esas condiciones una relación prospere en armonía.
En el caso de las Empresas de Familia estos procesos se trasladan al ámbito de trabajo y entorpecen el funcionamiento de la organización. Por ese motivo suele ser uno de los temas de consulta más frecuentes de las EF.
Los temas propios del negocio, las decisiones, las reuniones son teñidas por cuestiones emocionales, la mayoría de ellas de larga historia. Una palabra, un mínimo gesto, un intercambio de miradas puede ser suficiente para que se genere una reacción que invada y contamine toda la experiencia de ese momento. Al rato suele ceder. Pero cuando se repite cotidianamente y pasa a ser parte de lo habitual estamos frente a un problema de gestión.
Lo que más angustia en una familia empresaria es la falta de una comunicación fluida y confiable porque dificulta resolver las diferencias que se transforman en confrontaciones que afectan el negocio y a la familia.
Por ese motivo me detengo en este punto de “manejo o gestión de las emociones en las empresas de familia”.
¿Qué hacemos con las emociones?
No las podemos evitar, ¿las expresamos así nomás como vienen?, ¿les damos rienda suelta?, ¿las reprimimos?, ¿las ignoramos haciendo como que no pasa nada?
A los clásicos tres subsistemas de las EF, la familia, el capital y el negocio podemos agregar un cuarto subsistema, las personas, cada persona, lo que nos lleva a las relaciones interpersonales y estas nos llevan a las emociones, un nuevo subsistema que como los otros también necesita ser gestionado.
¿Por qué necesitamos saber gestionar las emociones?
Hay personas siempre de buen humor y ello las ayuda a descomprimir las tensiones tanto en los ámbitos cotidianos del trabajo como en otros ámbitos de la familia.
Hay otras que siempre se enojan, cualquier cosa las irrita, se angustian ante los problemas y la mayoría de las veces no se animan a compartir lo que les pasa. ¿Qué sucede? Las emociones contenidas generan en algún momento una “explosión” fuera de contexto que nadie entiende y actúa como un tóxico para el clima laboral.
¿Qué es gestionar las emociones?
Básicamente incluye dos aspectos: uno aprender a expresar los propios sentimientos teniendo en cuenta el sentido de oportunidad, saber dónde, cómo y en qué momento, y otro reconocer las emociones de los demás.
¿Cómo?

Gestionar las emociones no significa reprimirlas, pero tampoco significa descargarlas (hacer catarsis) ni llevar a cabo conductas confrontativas cargadas de ira o enojo.
Significa desarrollar la capacidad de controlar las emociones, sin tener que reprimirlas ni olvidarlas.
Es muy difícil pero no imposible. La principal barrera para gestionar las emociones es creer que no se puede. Y si se puede. Para aquellos que creen que es imposible controlar las emociones les comento que permanentemente estamos controlando nuestras emociones en nuestra vida cotidiana, si no lo hiciéramos con propios y extraños la convivencia en sociedad sería imposible.
Podemos hacerlo uno es responsable de sus propias reacciones, no son los otros los que nos hacen reaccionar, uno reacciona de acuerdo a como está preparado para reaccionar. Esta preparación se fue construyendo a través del tiempo, lo interesante de esto es que uno puede prepararse para reaccionar distinto incorporando nuevos hábitos de reacción.
Muchas familias se han acostumbrado a tratos despectivos, en mi opinión por un exceso de confianza. Se producen reacciones que habitualmente no suceden en ámbitos no familiares, como si “ser familia” no merece los mismo cuidados que se tienen con los extraños. Esto afecta la unidad y la armonía. En la EF también el negocio.
Gestionar las emociones necesita una práctica permanente, es un entrenamiento, hablar en lugar de callar, mirar a los ojos del otro y explicarle que siente frente a actitudes, conductas u opiniones del otro. Hablar en primera persona “a mí me pasa” o “yo siento” en lugar de “hacés que me pase” o “me hacés sentir”. A veces conviene hacerlo en el momento “caliente” y otras veces hacerlo en “frío”. Es un tema de educación, unos y otros se explican recíprocamente que les pasa.
¿Lleva tiempo? Sí. ¿Da trabajo? Sí. ¿Cuesta? Sí. Pero muchísimo menos que no hacerlo, el maltrato, las reacciones de ira o enojo tienen para la familia y la EF un costo mucho mayor que el de prevenir y cuidarse.
La “prevención” es educar y educarse en el uso inteligente de las emociones para que éstas no afecten negativamente la armonía de la familia ni el desarrollo y crecimiento de la empresa.
El objetivo de gestionar las emociones es liderar las propias para orientar la conducta, es decir, mantener el equilibrio, establecer relaciones armónicas con uno mismo y con los demás, reconocer y aceptar los propios sentimientos y los ajenos, y salir de situaciones conflictivas sin dañarse ni dañar a otros. Vale la pena.

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